Durante el corte programado de electricidad (cuatro horas, a partir de las 12 del mediodía), pude darme cuenta de lo realmente silencioso que es todo. Reflexioné, aprovechando la paz en mis sentidos, y la fluidez de mi pensamiento, y de cierta forma reduje las características de una urbe a luz y ruido. Sólo esas dos. *sale música incidental*
Pero claro, de estupideces como la anterior no se vive ni se come. Ni mucho menos cambio tres minutos de intensidad -drogada por algo tan ajeno a esta vida caraqueña como lo es el silencio- por la libertad de ABRIR LA PUERTA DEL ESTACIONAMIENTO y salir a hacer mis diligencias. Por no mencionar usar mi computadora, abrir la nevera sin pánico de que todo se pudra dentro o hacer pipí en un cuarto que no esté a oscuras.
Pero hacer diligencias a pie no está mal. Recordé tiempos más simples de mi vida. Recordé que mi mamá no me parió con carro, y que en verdad caminar nunca está de más. Claro, en el momento en que me dije eso, no tomé en cuenta factores como el sol, o la temperatura real en la calle, o que mi zona se caracteriza por sus calles todas en subida (o en bajada, pero si una me cansa, la otra me da dolor de rodilla... De algo tengo que quejarme) y, sobre todo, que caminar por la calle implica necesariamente encontrarse gente en la calle y muchas veces esto termina implicando interactuar con esta gente.
Yo no me considero particularmente anti-social, pero tampoco es muy de mi gusto hablar con nadie en el medio de una acera. Y menos cuando estoy agotada, enrojecida, y sudada. Pero, como no había luz (y no habría por al menos una hora más), todos los negocios estaban en stand-by, a puertas abiertas y con su personal aireándose en las aceras para no cocinarse en esos hornos oscuros en que se habían convertido las tiendas sin luz ni aire acondicionado. Naturalmente, en medio de mi caminata hacia el lugar de mi diligencia, me encuentro con un muy amable vendedor de una tienda de telas que frecuento y, como él no tiene nada que hacer, y yo no sé decir "me tengo que ir" en el momento correcto, comienza la inevitable y razonable conversación acerca del corte de la luz, y las medidas preventivas, y Chávez, y el país, y cómo vamos a terminar suicidándonos todos colectivamente.
Cuando logro deshacerme lo más politemente posible de mi interlocutor, llego a la Cosa-Comunal de Chacao (no sé cómo se llama) donde, por supuesto, no estaban atendiendo a nadie porque "no hay sistema" (no podría enumerar las veces que he escuchado tal frase en los últimos años; de hecho, creo que no he entrado a un solo recinto burocrático sin escucharla, dirigida a mí o a alguien más). Afortunadamente yo venía a buscar un papel que en teoría ya debía estar impreso, firmado y sellado; pero eso no evitó que escuchara las quejas de la cola de gente que esperaba afuera del lugar, entre ellas una señora de 83 años que por alguna razón me escogió como su nueva herramienta de desahogo y procedió a explicarme exactamente dónde vivía, y a dónde había ido antes a pedir su Carta de Viudez, y cómo de ahí la habían mandado para acá, y qué autobuses había cogido para tal trayecto, y cómo ahora no sabía si la atenderían, y cómo deberían tener un servicio en que las personas mayores dejan los recaudos y los documentos se los mandan a la casa. Realmente a la señora no le faltaba algo de razón, pero yo ya no tenía energía espiritual ni intelectual para responderle con algo más que una tímida afirmación con la cabeza; y en verdad dejó de caerme bien cuando llegó MI turno y se abrió la puerta del recinto y ella se abalanzó sobre el funcionario en cuestión (y me dio un codazo, gracias) y procedió a quejarse con él, ignorando absolutamente que yo estaba antes en la cola y sin imaginarse que yo honestamente estaba considerando cederle mi turno de todas maneras. Igual me sentí un poco mal cuando le dijeron que debía volver al día siguiente porque "no había sistema" (JA), pero cuando realmente lo LAMENTÉ fue cuando ella comenzó a plantearle al señor la cuestión del servicio especial para la tercera edad, y BLAAAAAABLAAAAAAAABLAAAAAAAAAAAAAA. Una parte de mi cerebro se quedó dormida mientras la otra se decía "si ella realmente tiene tanta energía y entusiasmo como para explicar esto tres mil veces, nada le costará volver mañana".
En fin, al menos yo terminé con mi papel en la mano, y me fui deseándole suerte a una chica que necesitaba no sé qué cosa para su cita del pasaporte mañana, a quien le habían prometido tenerle eso para hoy y se encontró con un "ven mañana, que está listo pero la Registradora no lo ha firmado". Qué consuelo. No se shockeará con la nueva experiencia de viajar con el dólar a 4,30 porque no tendrá pasaporte para salir del país, YEEEEI.
En conclusión, si hay algo que lo hace sentir a uno, habitante de Caracas, en un verdadero sobreviviente de una urbe, es el caos generalizado que se vuelve esta ciudad desde las 6 de la mañana hasta las 9 de la noche porque, si somos sinceros, la Hora Pico es sólo la cumbre de una escalada de desorden, ruido, contaminación, mala educación, etcétera que, en realidad, se extiende mucho más allá de que se haya metido el sol (cosa que, ahora, tampoco es mucho decir, pues a las 6pm ya prevalece la penumbra).
Pero ahora Caracas, o al menos mi zona, se convierte en una especie de pueblo europeo chimbo, de esos en que todo se paraliza a partir de la hora de almuerzo porque luego hay que dormir la siesta, cuando no hay luz. Sin embargo, yo sé que, cuando nos acostumbremos, el corte de electricidad será todo un respiro entre tanto caos, y no simplemente una extensión e intensificación del desastre tercermundista en la oscuridad y el calor. La siesta se impondrá como toda una nueva institución, y yo la promoveré felizmente desde mi casa, hasta que a Chávez le dé la gana de dejar darle excusas al país para volverse cada vez más improductivo.
Qué día tan interesante, pana.
... crowned by a sucky crappy Grey's Anatomy's episode.
Now, SERIOUSLY, ¿¿QUÉ WO ESTÁ PASANDO??
Uno se sienta en el sofá, un lunes en la noche, esperando la acostumbrada dosis de buena televisión, y se encuentra con... un chiste. De verdad, a mí no me gusta ser criticona (Umjú), pero tengo que liberar mi frustración porque desde el primer capítulo de la primera temporada de Grey's, la amé tanto, que me dije: Por favor, que la dejen morir antes de que se arruine. Me ha pasado con tantas series antes, que realmente esperaba que los de ABC fueran un poco más inteligentes. Es eso, me gusta que las cosas se acaben y me dejen el buen recuerdo, a que sigan y yo me decepcione. Lo presentí, pero Dios me ignora en la misma proporción que yo lo ignoro a él, y como él es más grande, obviamente yo soy la que paga los platos rotos y se arruina todo lo que para mí vale la pena en el mundo.
En fin. Kafka estaría orgulloso de los productores, una verdadera metamorfosis. Han pasado de tener un seriado brillante, con uno de los mejores equipos de dialoguistas que se puede intuir, a una especie de persecución forzada del drama. La música de acción es simplemente un elemento kitsch en toda esta absurda construcción de conflicto banal sobre una estructura que ya dejó de ser sólida (por no decir mínimamente coherente) y paulatinamente va perdiendo lo que la hacía conmovedora. El capítulo de hoy (acompañado por las reflexiones de un McDreamy muy fuera de personaje en off) pareció un crossover de 24 con ER con 90210, sólo que nunca alcanzó el nivel dramático que se presiente que querían los guionistas. Pero cualquier persona con mediana cultura de ver series, o incluso películas, siente cuando la música está forzando un momento que simplemente NO ESTÁ SUCEDIENDO. Por no hablar de los momentos en que los personajes están actuando un drama que no está cuajando. Y por no hablar de una protagonista que, ya muerta su madre, su mejor amigo, casada y happily ever after con el amor de su vida y parcialmente reconciliada con su padre, ya dejó de ser interesante, y los guionistas están tan concientes de ello que, en vez de hacernos verla superarse, la postran en una cama y a ser el pañuelo de lágrimas de todos los demás personajes que, de pronto, se han vuelto hipersensibles al mundo (claro, porque cuando no hay acción dramática consistente, la esquizofrenia siempre es una buena herramienta).
Pero lo peor... Realmente si existiera tal cosa como un Premio a LO PEOR DEL CAPÍTULO DE GREY'S DE HOY, se lo llevaría Lexie Grey y su discurso exagerado acerca de cómo usar pañales la hace "arrechísima", y en medio de todo el merequetengue entre molesta e insegura, la siempre innecesaria y descontextualizada frase de "This is America". Bien por America, pero... WTF? I'm Lexie, this is America, and I'm wearing diapers, yay!
En fin. Estoy molesta.
Bueno, en verdad no lo estoy :)
Mañana es el último día de clase del año, por cierto. ¿Será que volveré a la escritura indisciplinada? Otro día me pongo a criticar la estafa de curso online sobre diálogos en guión que estoy haciendo... pero otro día :)
¡Ah! Y he dilucidado un poco mi reciente problema con la lectura, pero será material para otro post porque, de hecho, ahorita debo leer. (en realidad ahorita debo dormir... de hecho, hace dos horas y media debía estar dormida, según indicaciones médicas, pero...)
Hoy una persona muy sabia y con mucha autoridad moral y espiritual me dijo que yo era constante y perseverante. Yo pensé "más bien sé ponerme ladilla cuando me da la gana". Obviamente no mencioné este blog, prueba irrefutable de que el tema de mi constancia y perseverancia está casi tan prohibido como el de mi peso (y, por el momento, el de mi futuro).
No sé hacer planes con la cabeza fría, y no quiero hacer planes con la cabeza fría, porque no voy a vivir esos planes con la cabeza fría, y el día que yo tenga cabeza fría dejaré de ser quien soy y, quizá, sólo quizá, sufriré menos con la vida, pero también seré infinitamente menos feliz.
Tengo trazos. No puedo hacer mucho con eso, cuando a veces muero por ver un lienzo terminado. Pero hay algunos trazos de los cuales se intuyen líneas muy buenas, composiciones muy interesantes y, aunque, al final, sean una más de las tantas aberraciones de futuros imaginados, a esos trazos me aferro con alegría y amor, hasta que se concluyan, o se diluyan.
Prohibido, el tema de mi futuro.
Seguiré trabajando en los cuadros ya más avanzados.
1. Los artículos para bebés.
2. Los artículos para mascotas.
Sí, sí, sé que en este momento, en este país, absolutamente TODO está exorbitantemente sobrepreciado, que todo es incomprable, que el país es invivible, seeeeh, seeeeh, yo misma invierto mi existencia toda en quejarme de esto; pero he descubierto que hay una norma tácita que establece que, mientras más estúpido se ponga uno al hablarle y jugar y, en general, interactuar con el futuro destinatario del producto que se compra, más se infla el precio de este.
De verdad, estas tiendas que venden estas cosas especializadas para estos dos tipos de consumidor, exageran. O los servicios, si es por eso. La última vez que tuve que llevar a Dan al veterinario para su vacuna, como se me ocurrió hacerlo en día domingo, me cargaron 150 BOLÍVARES EXTRA (SE LEE CIENTO CINCUENTA) por atenderme como "Emergencia"; no porque lo mío se tratara de una emergencia, sino porque me estaban atendiendo un domingo. Bien, cóbrame lo que quieras -INFELIZ-, pero si ves que no estoy yendo porque tengo a mi perro moribundo en brazos, sino porque le vengo a poner una vacuna anual, al menos ADVIÉRTEME que pretendes estafarme de esa manera, y yo decido si me tomo la molestia de regresar otro día que no sea Día de Robo, o si me da flojera y acepto de buena gana regalarte mi dinero. Pero no me lo claves luego de que me vacunaste al perro, para que venga yo con mi cara de pánfila a preguntar "¿y estos 150 de qué son?"... Mala mía que no reclamé, no para que me devolvieran la plata, sino para que al menos pegaran un letrero en la puerta avisando "Si es domingo, levante las manos".
Yo siempre armo rollo por estas cosas, nunca gano nada sino alterarme yo, carcomerme por dentro de la rabia y la frustración y, contadas veces, que me pidan disculpas tímidamente y que el modus operandi siga siendo el mismo para siempre. Quizá estoy madurando y por eso no reclamé. Pero en verdad fue porque estaba con mi abuelita, muy nerviosa porque el perrito estaba muy nervioso tras la vacuna, todavía teníamos que dejarlo en otro sitio para que lo bañaran, y yo estaba apuradísima y opté por el I'll let it go, no vuelvo para acá.
Y claro que voy a volver para allá si se me ofrece, porque yo soy así, y no tengo principios.
Mi asombro con el asunto de los bebés se disparó la semana pasada, cuando fui a comprar un regalo para un baby shower y veo cosas como un peluche en 170 Bs. y demás. Había otras cosas de buena calidad y con precios bastante accesibles, pero al parecer si el artefacto -así sea de tela y goma espuma- tiene pegada una etiqueta que reza la palabra Baby junto al nombre de cualquier científico famoso, el precio del producto se multiplica por siete. Ahora, lo que realmente me hizo crash mental, fue encontrar un set de modelos de agarraderas para gavetas, muy artesanales, muy bonitas, figuritas de animalitos y corazoncitos y cositas tiernas en maderita pintadita en colorcitos pasteles, cada una al módico precio de 50 Bs. ... CINCUENTA BOLÍVARES POR UNA MANILLA DE GAVETA, de no más de 6x6cms. que, además, para el momento en que el niño se dé cuenta de que existe, ya tendrá edad para detestarla por parecerle infantil y armará berrinches todas las noches para que se las cambien por unas de calavera o de implantes de silicón, qué sé yo. No, en verdad lo que me imagino es que, de las figuras paternales, la mitad que pone el dinero reza porque la mitad hiper-creativa que quiere poner manillitas de jirafitas no esté pensando en el gavetero de cincuenta gavetas que acaban de mandarle a hacer a Luisito...
:)
Y bienvenido noviembre O.o
No importa cuánto duerma o deje de dormir durante la noche y el día que le sucede, siempre siempre siempre que yo decida invertir mi noche temprana en echarme en el sofá a ver el prime time de los canales que más me fríen el cerebro (y que más veo), yo me quedaré dormida, inevitablemente, no importa cuánto me diga "no te duermas, hoy no, porque luego te quedas despierta hasta las 6 de la mañana"; es como si me anestesiaran, y caigo inconciente generalmente por un plazo de una hora. Llevo MESES sin poder terminar de ver un capítulo de Two and a Half Men!
Creo que ya superé la cuestión del insomnio, hoy no me he dormido simplemente porque me desperté hace menos de dos horas. Decidí que no voy a leer porque eso inevitablemente me desvelaría, y eso generalmente no es inconveniente para mí (sobre mis condiciones laborales se hablará en otra ocasión) pero como mañana sí debo levantarme temprano, me conviene aburrirme a mí misma con mis palabras y desocuparme el cerebro de verborrea para ver si logro conciliar el sueño.
Terminé el libro Conversaciones con Al Pacino, de Larry Grobel. Brillante. Obviamente no es la pieza literaria del siglo XXI, tampoco lo pretende, es un libro de entrevistas... Pero que yo, que no sé mucho de la materia, considero que es una joya del periodismo y, también, de los curiosos del cine. Es un libro fácil, pero especialmente, divertido e interesante. Leer a Al Pacino hablar, sobre todo conversar con un periodista que sabe hacer preguntas desde su oficio, y desde su rol de amigo íntimo de Pacino, abre las puertas, a uno como lector, a un conocimiento y reconocimiento del personaje, en que la intimidad no es sólo y no tanto por los detalles personales de la vida del sujeto, sino porque -al ser un hombre de las palabras- su forma de hablar, de expresarse, incluso de evadir respuestas, a ratos hace sentir que es uno el que conversa con él, el que lleva años conociéndolo, el que ya se sabe de memoria sus salidas irónicas y, sobre todo, el que descubre con el tiempo una sencillez humana contrapuesta a una densidad intelectual que, además, mal se compara con su abrumadora inteligencia. Al Pacino es un hombre, sobre todas las cosas, inteligente; o esa es la impresión que me queda a mí tras cerrar el libro, con ganas de más, obviamente.
Pasando a las reflexiones sobre una noche tan linda como esta... Milagros Socorro nos recomienda que siempre tengamos a la mano aquellos escritores que nos... ¿inspiran? La verdad no recuerdo cuál es la palabra que ella usa, pero se refiere a aquellos que cuando los leemos, nos entran ganas de escribir, despiertan en nosotros ese algo que debería ser más entrenamiento y disciplina que otra cosa, pero de la que los wannabes aún somewhat dependemos. Los míos son, evidentemente, Cortázar (absolutamente comprensible y esperado), y Borges (eso sí que lo entiendo menos, no menos de lo que entiendo lo que él escribe, pero su imaginación abrumadora me mueve el cerebro, así sea para sentirme bruta). Por eso es que no he logrado avanzar demasiado con Papeles Inesperados -cortesía de Adri :)-, porque durante el día no me da demasiado chance de leer, y en las noches ahora debo tener a la mano aquellos escritores que me den sueño.
Creo que colocaré en la mesa de noche los cuadernos de Estadística de la universidad.
AMO
AMO
a Frank Baiz Quevedo.
Leer sus artículos me devuelve las ganas de estudiar, no por el mero hecho de estar sentada en un salón de clase fregando la paciencia con mis amiguitos, sino por aprender cosas interesantes de alguien que sabe, mucho.
Su blog y La Página del Guión son altamente recomendables para cualquiera que le interese el cine, aquí en Venezuela, y en cualquier país hispanohablante.
Es que además es venezolano. Qué maravilla.