Hoy acabo de darme cuenta de que este blog tiene tres años. Con sus altas y bajas, con sus cambios impensados de objetivo y de estilo, con sus épocas prolíficas o de abandono, casi siempre en sincronía con desafortunadas temporadas laborales, o depresiones producto del desempleo.
Whatever.
Mucha gente dice que "no puede escribir cuando está feliz". A mí no me pasa eso. Quiero decir, sí, quizá las cosas más profundas/intimistas/interesantes que pueda haber escrito alguna vez nacieron a partir de sentirme mal respecto a algo. Precisamente mucha gente sólo escribe cuando está deprimida y se bloquea en períodos estables. En mi caso no es exactamente así. Justamente este blog nació en una de las etapas más felices de mi vida (o al menos una que ahora recuerdo como tal), y cuando no he escrito, ha sido justamente por falta de ánimo para hacer cualquier cosa en la vida. Aunque, claro, también tiene mucho que ver con mi "propuesta" en este blog, mi firme propósito de no convertirlo en un depósito de malos pensamientos y prosa poética deprimente, cosa a la cual tuve cierta tendencia en otra época. No considero que tenga nada de malo, simplemente yo no quise hacerlo más.
Ahora, creo que el actual "abandono" se debe un poco a eso, yo más bien no puedo escribir cuando estoy triste. Cuando estoy realmente triste. No cuando estoy fervientemente triste, en pico de tristeza, sino cuando estoy incluso acostumbrándome a la tristeza.
Soy una de las personas más felices que conozco. Por eso no es fácil para mí admitir esto, pero estoy triste. Llevo meses triste. Y por eso no he querido escribir, no he podido escribir aquí. No es que sienta que es en vano, no es por ninguna razón que vaya más allá de mi propio desaliento, de mi propia mente en blanco -o nublada por la desesperanza-, o el simple hecho de que no me provoca entrar acá. No tengo ni siquiera ese impulso de escribir que luego se queda en un cursor titilante sobre una pantalla blanca. No es nada.
Estoy obsesionada con mi país, como una mujer queda obsesionada con un mal ex-novio. Lo odia, pero no puede dejar de pensar en él, no deja ir el dolor que le hizo sentir, no lo supera.
Venezuela me tiene condenadamente triste. No sé qué es lo que tengo que hacer para mejorar las cosas. Soy una más de tantos venezolanos que sabemos que las cosas están mal, pero no tenemos ni la más remota idea de dónde comenzar a solucionarlo. En realidad, soy una más de los venezolanos que no tenemos esperanza. Y, lo siento, nadie puede forzarme a tener esperanza. Ningún slogan político o grupo de Facebook me devolverá lo que absolutamente todo el entorno me ha quitado en los últimos años. Un cliché como "la esperanza es lo último que se pierde" no cambia el hecho de que desde que pude tener conciencia política, ese "ser político" mío se desarrolló en un absoluto desastre, donde todos los cánones y parámetros se rigen por la ambigüedad, la arbitrariedad. Es como decir "el tiempo todo lo cura" a una persona que acaba de perder a un ser querido. Sí, gracias por un buen trozo de sabiduría popular, pero no me siento ni un poquito mejor. Respeto absolutamente a los patriotas, los luchadores, o simplemente los que, sin denominación, continúan acá haciendo lo mejor que pueden en la medida de sus posibilidades, les respeto su esperanza e incluso se las admiro. Pero no la comparto, y mi falta de esperanza es igualmente respetable.
Tiene que ver con otro cliché que sí aplica: "Hierba mala nunca muere". Más allá de la política, el tema en Venezuela es la mediocridad. El presidente es sólo la exacerbación de este problema pre-existente, que nunca acaba y sólo parece extenderse como fuego en pólvora. Claro, es el colmo que una sociedad escoja al peor de sus especímenes para que los gobierne. En teoría, una sociedad escoge al más preparado, al más capacitado, o al menos al que dé menos vergüenza. Pero, al final de cuentas, el hecho de que este hombre esté ahí se vuelve simplemente la mosca fastidiosa que sobrevuela la mesa llena de platos sucios y comida podrida.
Este es el país en que si un viernes cae quince o último, es IMPOSIBLE movilizarse porque todo el mundo está en la calle invirtiendo su quincena en ron, whisky y entradas a discotecas. La ciudad se paraliza porque hay que ir a rumbear. Y no que rumbear tenga nada de malo, pero es absolutamente irónico que haya tanta queja por el precio de los alimentos (queja admisible, cualquier cosa se ha vuelto incomprable en este país), y cada quince días lo que se llenan son los centros comerciales, los locales nocturnos y los expendios de licor más que los automercados.
La generación de relevo de este país es terrible. Lo siento, pero es verdad. No hablo de mis compañeros de clase (o, al menos, no de todos ellos), no hablo de la gente que aunque no pueda acceder a la educación formal, intenta formarse de alguna forma y hacer de sí mismo un engranaje útil en la medida de sus posibilidades, no hablo del señor que dice "buenos días" y te atiende de buena gana al ofrecerte un servicio. No puedo hablar de ellos porque, aunque sí existen, son una ínfima minoría en un océano de personas que conducen sus camionetotas como degenerados, que te tratan como un coleto cuando se supone que ellos son los interesados en que les compres en su panadería/kiosko/etc, que tienen a sus padres y abuelos pariendo unas mensualidades de más de un millón de bolívares en la universidad para venir a resolver los trabajos con un copypaste balurdo y copiarse en los exámenes de análisis y opinión porque "ahora me da ladilla pensar". No hablo del técnico que se para a las 4 de la mañana y a las 6am está donde tiene que estar para matarse en una jornada mal pagada de 10 horas de rodaje -si no hay horas extra-, que cumple con una sonrisa en la cara porque es su trabajo y gracias a Dios tiene trabajo; sino del director que se mete 25 palos por comercial, que llega tarde y que cree que su trabajo consiste en "hacer las cosas como a él le dé la gana porque por eso lo contrataron a él", o algunos miembros del equipo que pasan toda la semana, no pensando en cómo solucionar los problemas en el set, sino en quién va a comprar la caña para la rumba de fin de rodaje y a qué "culos" van a invitar. Los padres que aceptan que los regalos para sus hijas quinceañeras ahora son implantes mamarios porque -supongo yo- viajar a Europa pasó de moda porque ya es muy vieja. El malandro que cuando ve que su víctima le cede de buena gana su billetera y las llaves del carro, opta por matarle a su hijo en el asiento del copiloto "porque le quiere quitar algo que sí le duela".
Yo no puedo solucionar eso. Quizá alguien pueda. Quizá alguien, aunque no pueda, tenga la esperanza de poder. Lo felicito. Lo admiro, incluso. Pero yo no soy tan maravillosa. A duras penas consigo la forma de hacer ciertas cosas con mi vida que considero que valen la pena; no tengo ni remotamente lo que se requiere para arreglar ni un ápice de este país. No tengo el talento, mucho menos la entereza mental y espiritual.
Por eso me voy.
No le debo nada a este país. Y no me duele decirlo. Quizá mis padres, mi abuelo, sin duda, que vino desde Italia después de la guerra y encontró aquí un hogar. Pero -y esto sí me duele decirlo- ese país ya no existe. La Venezuela que formó a mis padres, y a toda una camada de gente que quería hacer las cosas bien, se desvaneció.
Yo no soy un gran ejemplar de persona, pero me gustan las cosas bien hechas, siempre. Quiero estar en un lugar en donde sepa que, si no lo logro, es porque no estoy dando lo mejor de mí, o de plano no sirvo para ello, pero que no se trate de que, simplemente, las condiciones no están dadas, o están siempre en contra. No quiero estar en un sitio en que, aunque siempre dé lo mejor de mí, sé que nunca voy a lograr nada.
A Venezuela no le debo nada, y por eso yo no quiero, ni puedo, inmolarme por este país. Menos si siento que no servirá de nada. Lo único que debo, a mis padres, a mis familiares, a mis profesores, a mis amigos, a todo el que me ha querido o me ha enseñado algo, y sobre todo a mí misma, es intentar ser feliz. No estoy diciendo que con seguridad lo encontraré en otro lugar, pero ya tengo la certeza de que quedarme acá sería estar buscando en el lugar equivocado.
"¡Patria, Socialismo o Muerte, Venceremos!"
¿Patria y Socialismo, o Muerte, son realmente opciones excluyentes? ¿O se han convertido en un combo indisoluble de elementos inherentes? Quizá así fue desde un principio, al menos para estos dos niños, que no tendrán más de siete años. No han conocido otra cosa, por tanto.
Uno diría que a esa edad "Vida" tendría que existir, al menos, como una opción.
[Foto tomada en Caracas, Venezuela, en Marzo 2010.]
¡YAY!
Lo bueno es que él solito está llamando la atención del mundo hacia los grandes y graves problemas de este país, y ya ni hay que esforzarse mucho para demostrarle a la comunidad internacional que el Emperador del Mundo Bizarro decidió instalarse acá. La vergüenza es un precio pequeño que pagar frente al hecho de que se sepa por quién está siendo "gobernado" este país (like the personal playground of a retarded five-years-old). Espero que la gente de afuera que aún está convencida de que todo se trata de una campaña de desinformación y mala fe mediática finalmente se convenza de que el hecho de que este señor sea Presidente no tiene ni un poquito de sentido. No se necesitan dos dedos de frente ni mucha persuasión para llegar a tal conclusión: El cuento de la diarrea es auto-explicativo.
(De la serie: Sobre cualquier cosa en este país y el suicidio, o Esas cosas que me dan ganas de dejar de vivir... o matar a alguien... o a muchas personas, masivamente).
Sí, mi humor últimamente está muy fatalista. Pero, dicho sea nuevamente, los venezolanos ahora transitamos la vida en modo de supervivencia. Supervivencia no sólo de la delincuencia atroz, de la comida inasequible, de conformarse con el estándar más bajo de servicio y de calidad de vida en general; sino también supervivencia del propio deseo de no vivir más. De no vivir más así. De no vivir más aquí. De que todo acabe, de cierta forma.
Y, claro está, deseos de acabar con Cadivi.
[En condiciones normales, aquí entraría una descripción detallada de los mecanismos más creativos con los que fantaseo destruir en su totalidad la infraestructura y el personal que constituyen la "Comisión de Administración de Divisas", pero como no sé si el cubano electricista me está pinchando el blog, y como AQUÍ LA LIBERTAD DE EXPRESIÓN SE ECHÓ TRES, luego me meten presa por "incitación a la violencia", "traición a la patria", por hacer amenazas de muerte de forma abierta y directa, por desestabilizadora del orden público, o simplemente porque no cargo una estampita del imbécil de Chávez en mi cartera junto al carnet del PSUV, y no quiero que me lleven presa. No, tan valiente no soy, y no me quiero perder la graduación de Saúl.]
Entonces, ante la frustración y la impotencia por no poder matar al idiota que se le ocurrió que inventar Cadivi era una buena idea, me dan ganas de matarme yo y acabar con el sufrimiento. Y me doy cuenta de que, efectivamente, ESO ES LO QUE QUIEREN.
Y a los que no se suicidan o se van del país, pues les callan la boca.
Por no hablar de que, literalmente, el trámite de Cadivi se ha convertido en una prohibición de salida del país. Es apelar a que desistas de viajar, de comprar dólares o de hacer nada, ante la imposibilidad de que logres reunir:
+
Capacidad de lectura rápida para puñalearte
el manual en PDF de 194 páginas
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Dinero en cantidad equivalente a lo que cuesta
comer en un día de viaje
(ergo, un día no comerás, pa' tener $$ pa' pagar la comida de los
otros días) porque debe ser que las carpetas marrones y
los separadores son importados, que ahora cuestan el doble...
por no hablar de las fotocopias
+
Las habilidades manuales de la maestra de preescolar
más arrecha del mundo
+
Paciencia (BURDA)
+
La mitad de ooootro día de tu vida para aventurarte al banco (Intento 1)
+
Que se alineen los planetas y no haya una cola en la que morirás
de inanición, de pulmonía (o rostizamiento, porque ahora los aires
acondicionados también sufren de bipolaridad) o de un tiro que te
pegue cualquier atracador que estaba "de paso"
+
Que el Promotor del Banco no la c*gue, no te trate como si fueras
un recogelatas que vino a pedir plata o de plano te reciba la
carpeta sin devolvértela 3mil veces (aquí los Intentos 2 en
adelante, ad infinitum, de excursiones al banco
con versiones 2.1, 2.2, 3.0, 14, 27, √13 y π de la carpeta)
+
LA MEJOR SUERTE DEL MUNDO
(potencial requisito nulificador
de la conjunción de todos los elementos anteriores.
Léase, si no tienes suerte, tus carpetas pueden estar impecables...
pero igual you're screwed)
[Sobre ecología y la cantidad de árboles que mueren diariamente para abastecer a las papelerías y centros de copiado, de forma que nosotros tengamos 7 kilos de papel por persona para llevar al banco (para que se quede agarrando polvo y ocupando espacio en un archivador dinosáurico), se hablará en otro post.]
Y así, hay gente que, de plano, desiste. Gente que, de plano, ni lo intenta. Sabe que no lo logrará nunca o que, luego de tres semanas de llevar una y otra vez las carpetas corregidas para que se las vuelvan a rebotar, quizá al final lo logren, y efectivamente les acepten la solicitud y se lleven orgullosos su copia de su carpeta con su copia del contrato con su copia de todo, y el original de la esperanza de tener unos miserables 500 dólares para sobrevivir en el extranjero, PERO aún es muy posible y muy probable -porque a mí me pasó el año pasado- que acabe llegando el día de viajar y el INFELIZ BANCO CENTRAL DE VENEZUELA no termine nunca de aprobar la solicitud, quizá nunca la vea, y simplemente haya que irse sin haber tenido nunca respuesta de la solicitud. Y todo haya sido en vano.
Comisión para Volverte M**rda la Moral
"De verdaíta, no te vayas de viaje, no vale la pena"
Quizá en otro momento era más sutil, más disimulado. Pero, como dije antes, se ha convertido en una evidente y descarada prohibición de salida del país. Como dice Adri: "Haremos lo posible por no darte ni un dólar de Monopolio". Qué infelicidad y cara'e palismo la de estos tipos. Quien no tenga una cuenta en el extranjero, o tenga un CERRO de plata para comprar dólares paralelos, simplemente NO sale; NO puede. ¿Y qué porcentaje del venezolano efectivamente cumple con las dos características anteriores? Porque no hablo de irse de vacaciones a Oceanía, o estudios de doctorado en Europa. Hay muchos venezolanos con familiares en otros países de Latinoamérica, tan cerca como antes parecía estar Colombia, pero para quienes ahora se hace absolutamente cuesta arriba 1. Pasar por el trauma antes descrito, 2. Adquirir dólares de otras manera. Y si la opción 1 es imposible, y las 2 también, ¿¿qué carrizo hacemos??
En fin, Feliz Día de la Juventud. Aunque hoy siento que envejecí 10 años.
Voy a hacer una afirmación aventurada: Los mosquitos no tienen sentimientos.
En este momento podría incluso cuestionarme que lo que llamamos "sentimientos", en los seres humanos, realmente exista, en general. Pero lo dejaremos en que los mosquitos no tienen sentimientos.
Así, no tienen deseos, ni aspiraciones. Simplemente viven sin conciencia de su propia vida, y mucho menos sobre el hecho de que van a morir. Es curioso, entonces, cómo, siendo criaturas tan básicas y, sobre todo, incapaces de discernir entre la vida, la muerte y todo lo que no sea mi brazo, mi pierna, o cualquier cosa irrigada por mi torrente sanguíneo, son capaces de producir en un ser humano complejo, así como yo, profundos y genuinos deseos de morir. Qué curioso que la naturaleza haya desarrollado un ente cuyo único talento y objetivo sea hacerme la velada, y el intento de dormir, imposible. Y con ello, la vida imposible.
Y yo me digo "Son ellos, o yo". Obviamente escojo yo, e intento acabar con ellos antes de que acaben conmigo. Pero el otro súper poder con el que el Creador, en una enferma demostración de generosidad, dotó a esta raza de minúsculo tamaño y mayúsculo potencial para ladillar, es una SÚPER REPRODUCCIÓN INSTANTÁNEA. Seriously. Violan hasta las leyes de la matemática. Si hay tres mosquitos y mato dos, NO PUEDE SER QUE A LOS TRES SEGUNDOS HAYA CUATRO. ¿¿QUÉ NIÑO VA A APRENDER A RESTAR ASÍ?? God really didn't think this through. O había un programador ebrio cuando metieron a los mosquitos en la Matrix.
Y pronto habrá una Lorena ebria si los mosquitos no me dejan dormir. Consideraré el alcoholismo como una nueva forma de vida, a menos que matar mosquitos de madrugada se convierta en deporte olímpico, y así mi convivencia forzada con semejante aberración de la naturaleza cobre algo de sentido.
Estimada persona que pasó toda la mañana intentando cambiar mi contraseña de Facebook,
Espero que esté muy bien. Yo no la conozco, hoy me enteré de su existencia y, está de más decirle, me encantaría conocerla, o al menos su nombre. Quizá me sorprenda darme cuenta de que efectivamente ya la conozco, sin embargo no puedo asumirlo. Sólo puedo asumir que usted sí me conoce a mí, puesto que ha tratado de entrar a mi cuenta de Facebook.
Es mi deber advertirle que no encontrará allí ninguna información relevante ni privada más allá de los mensajitos de Navidad que mis amigos me dejaron por Inbox. A lo sumo podrá enterarse de a cuál de ellos quiero más, por la efusividad con que respondo. De resto, le juro que mi vida privada no es tan interesante y, de serlo, estaría viviéndola y no divulgándola en Facebook. Cualquier cosa que desee o necesite saber, puede preguntármela con toda confianza a lorebea@gmail.com (la misma dirección adonde me llegan las notificaciones de sus infructuosos intentos de ingresar a mi cuenta). Tenga la seguridad que le responderé con toda la honestidad de la que soy capaz, especialmente si es el precio que debo pagar para que usted no cambie la contraseña de mi cuenta.
Me gusta mucho usar Facebook, por favor no me quite mi acceso a él.
Muchas gracias por su atención, querido señor hacker. Mis mejores deseos en este 2010 y el nuevo año chino que pronto comienza.
Afectuosamente,
Lorena.
Durante el corte programado de electricidad (cuatro horas, a partir de las 12 del mediodía), pude darme cuenta de lo realmente silencioso que es todo. Reflexioné, aprovechando la paz en mis sentidos, y la fluidez de mi pensamiento, y de cierta forma reduje las características de una urbe a luz y ruido. Sólo esas dos. *sale música incidental*
Pero claro, de estupideces como la anterior no se vive ni se come. Ni mucho menos cambio tres minutos de intensidad -drogada por algo tan ajeno a esta vida caraqueña como lo es el silencio- por la libertad de ABRIR LA PUERTA DEL ESTACIONAMIENTO y salir a hacer mis diligencias. Por no mencionar usar mi computadora, abrir la nevera sin pánico de que todo se pudra dentro o hacer pipí en un cuarto que no esté a oscuras.
Pero hacer diligencias a pie no está mal. Recordé tiempos más simples de mi vida. Recordé que mi mamá no me parió con carro, y que en verdad caminar nunca está de más. Claro, en el momento en que me dije eso, no tomé en cuenta factores como el sol, o la temperatura real en la calle, o que mi zona se caracteriza por sus calles todas en subida (o en bajada, pero si una me cansa, la otra me da dolor de rodilla... De algo tengo que quejarme) y, sobre todo, que caminar por la calle implica necesariamente encontrarse gente en la calle y muchas veces esto termina implicando interactuar con esta gente.
Yo no me considero particularmente anti-social, pero tampoco es muy de mi gusto hablar con nadie en el medio de una acera. Y menos cuando estoy agotada, enrojecida, y sudada. Pero, como no había luz (y no habría por al menos una hora más), todos los negocios estaban en stand-by, a puertas abiertas y con su personal aireándose en las aceras para no cocinarse en esos hornos oscuros en que se habían convertido las tiendas sin luz ni aire acondicionado. Naturalmente, en medio de mi caminata hacia el lugar de mi diligencia, me encuentro con un muy amable vendedor de una tienda de telas que frecuento y, como él no tiene nada que hacer, y yo no sé decir "me tengo que ir" en el momento correcto, comienza la inevitable y razonable conversación acerca del corte de la luz, y las medidas preventivas, y Chávez, y el país, y cómo vamos a terminar suicidándonos todos colectivamente.
Cuando logro deshacerme lo más politemente posible de mi interlocutor, llego a la Cosa-Comunal de Chacao (no sé cómo se llama) donde, por supuesto, no estaban atendiendo a nadie porque "no hay sistema" (no podría enumerar las veces que he escuchado tal frase en los últimos años; de hecho, creo que no he entrado a un solo recinto burocrático sin escucharla, dirigida a mí o a alguien más). Afortunadamente yo venía a buscar un papel que en teoría ya debía estar impreso, firmado y sellado; pero eso no evitó que escuchara las quejas de la cola de gente que esperaba afuera del lugar, entre ellas una señora de 83 años que por alguna razón me escogió como su nueva herramienta de desahogo y procedió a explicarme exactamente dónde vivía, y a dónde había ido antes a pedir su Carta de Viudez, y cómo de ahí la habían mandado para acá, y qué autobuses había cogido para tal trayecto, y cómo ahora no sabía si la atenderían, y cómo deberían tener un servicio en que las personas mayores dejan los recaudos y los documentos se los mandan a la casa. Realmente a la señora no le faltaba algo de razón, pero yo ya no tenía energía espiritual ni intelectual para responderle con algo más que una tímida afirmación con la cabeza; y en verdad dejó de caerme bien cuando llegó MI turno y se abrió la puerta del recinto y ella se abalanzó sobre el funcionario en cuestión (y me dio un codazo, gracias) y procedió a quejarse con él, ignorando absolutamente que yo estaba antes en la cola y sin imaginarse que yo honestamente estaba considerando cederle mi turno de todas maneras. Igual me sentí un poco mal cuando le dijeron que debía volver al día siguiente porque "no había sistema" (JA), pero cuando realmente lo LAMENTÉ fue cuando ella comenzó a plantearle al señor la cuestión del servicio especial para la tercera edad, y BLAAAAAABLAAAAAAAABLAAAAAAAAAAAAAA. Una parte de mi cerebro se quedó dormida mientras la otra se decía "si ella realmente tiene tanta energía y entusiasmo como para explicar esto tres mil veces, nada le costará volver mañana".
En fin, al menos yo terminé con mi papel en la mano, y me fui deseándole suerte a una chica que necesitaba no sé qué cosa para su cita del pasaporte mañana, a quien le habían prometido tenerle eso para hoy y se encontró con un "ven mañana, que está listo pero la Registradora no lo ha firmado". Qué consuelo. No se shockeará con la nueva experiencia de viajar con el dólar a 4,30 porque no tendrá pasaporte para salir del país, YEEEEI.
En conclusión, si hay algo que lo hace sentir a uno, habitante de Caracas, en un verdadero sobreviviente de una urbe, es el caos generalizado que se vuelve esta ciudad desde las 6 de la mañana hasta las 9 de la noche porque, si somos sinceros, la Hora Pico es sólo la cumbre de una escalada de desorden, ruido, contaminación, mala educación, etcétera que, en realidad, se extiende mucho más allá de que se haya metido el sol (cosa que, ahora, tampoco es mucho decir, pues a las 6pm ya prevalece la penumbra).
Pero ahora Caracas, o al menos mi zona, se convierte en una especie de pueblo europeo chimbo, de esos en que todo se paraliza a partir de la hora de almuerzo porque luego hay que dormir la siesta, cuando no hay luz. Sin embargo, yo sé que, cuando nos acostumbremos, el corte de electricidad será todo un respiro entre tanto caos, y no simplemente una extensión e intensificación del desastre tercermundista en la oscuridad y el calor. La siesta se impondrá como toda una nueva institución, y yo la promoveré felizmente desde mi casa, hasta que a Chávez le dé la gana de dejar darle excusas al país para volverse cada vez más improductivo.
Qué día tan interesante, pana.
